Mejor intentarlo que no hacerlo: Preinfantil 55 - 57 Uros de Rivas

Mejor intentarlo que no hacerlo: Preinfantil 55 - 57 Uros de Rivas

Escrito el 01/06/2022
Carlos González


Hace meses, uno de los chicos del Tornado tenía una elección complicada. El calendario había enviado los dos partidos de la semifinal al fin de semana del 4 y 5 de junio, días en los que su clase del Instituto se encontraría de viaje de fin de curso en Lisboa. Tenía que elegir entre un viaje inolvidable con sus compañeros o la posibilidad (porque en ese momento solo era eso, una posibilidad) de jugar para buscar un puesto en la final. “Mejor intentarlo que no hacerlo”, dijo.

Como él, cada chico ha renunciado a cosas para llegar hasta aquí. Algunos se han privado de celebrar cumpleaños porque coincidían con partidos, de jugar más a la consola porque hay que optimizar al máximo el tiempo disponible compaginando estudios y entrenamientos. Los hay que han preparado los exámenes aprovechando los trayectos en el coche y otros que se han puesto a repasar por la noche después de dos horas de trabajo físico exigente.

Hay chicos que han renunciado a jugar más en otros equipos por estar aquí y otros que no se resisten a compaginar su deporte con otras aficiones y doblegan esfuerzos para hacerlo bien en ambos escenarios. Son adolescentes incipientes con toda la atracción exterior y la sacudida interior estallando y, aún así, tienen claro su compromiso. 



Todos y cada uno de ellos merecían el premio de estar entre los cuatro mejores, de disfrutar de la experiencia de pelear por el título hasta el final, de vivir el día de la entrega de trofeos en directo y no seguirlo mediante aplicaciones desde casa... y lo han logrado. Nadie dijo que iba a ser sencillo. La temporada no lo ha sido y la eliminatoria ante Uros, en consonancia, tampoco.

El encuentro en Rivas nos había propiciado una ventaja de diez puntos para la vuelta y, a la postre, resultaron determinantes para la clasificación. Durante la mayor parte del choque, nada hacía prever que hubiera que apelar al margen obtenido en la ida pero los partidos no se deciden hasta que lo están. Y hasta el último cuarto, no lo estuvo. La cita empezó con nervios. Ni la ventaja de la previa evitó que aparecieran. No hay fórmula para, a esta edad, bañar la mente en agua helada.

Contando con ello, el Tornado se presentó en la pista sin especulación, compitiendo sin dejadez desde el principio, Eso no evitó que Uros demostrase una superioridad en el rebote ofensivo arrolladora, capturando rechace tras rechace cargando, sobre todo, desde la línea exterior hacia adentro, superando en voracidad a los defensores morados que estaban por fuera y desbordando a los interiores que tampoco cerraban con los brazos y el cuerpo con consistencia. Jugadas de cinco ataques consecutivos visitantes acaban de forma inevitable en canasta.



Pese a ello, nuestros chicos siguieron erguidos y consiguieron ir abriendo distancia punto a punto hasta marcharse con ventaja de 8 al descanso y que llegó a ser de 12 en el tercero. No se presagiaba desmoronamiento. El último cuarto demostró que ningún encuentro está sentenciado antes de tiempo y pensar que puede ser así es un error del que aprender.

Uros comenzó a recortar diferencias a la par que nuestros chicos se bloqueaban por la tensión de que la clasificación pudiera escaparse entre los dedos. Ellos presionaban de forma intensa, recuperaban, anotaban triples, no fallaban tiros libres…Dos arriba, dos abajo, cuatro, siete…A poco más de un minuto la eliminatoria estaba en el alero y los nervios disparados. La adrenalina golpeaba a borbotones el pecho y nublaba la mente.

Los chicos estaban acusando mentalmente la remontada de Uros y se destilaba aroma de drama. En ese momento, con las gradas repletas de nudos de estómago y voces ahogadas, el Juande reaccionó. Una buena defensa, un triple, otra acción defensiva, un contragolpe… El acceso a la final four había bailado al borde del precipicio para caer, finalmente, del lado morado.

Y la tormenta que venía arrasando nuestras ilusiones dio paso al más hermoso de los arco iris. El equipo, todavía con el pulso disparado, celebró el pase en la cancha entre saltos y gritos. Estamos en semifinales. Tras el entrenamiento del lunes, los chicos se quedaron un buen rato a jugar con un balón de plástico a algo parecido al balonmano. Desde lejos se escuchaban las voces y las risas. Ninguno se quería ir a casa. Equipo dentro, equipo fuera. No hay más preguntas, señoría.