El prólogo fue el epílogo: el Preinfantil luchará por el Bronce

El prólogo fue el epílogo: el Preinfantil luchará por el Bronce

Escrito el 07/06/2022
Carlos González


Patrocinio 60 – 49 CBJA         CBJA 56 – 60 Patrocinio

Un partido, una eliminatoria o incluso una temporada pueden virar en un momento determinado. Hay factores que resultan determinantes para la resolución positiva o negativa de un choque y, a veces, marcan de manera irresoluble un cruce. Para el Tornado, los primeros minutos del encuentro de ida de la semifinal ante Patrocinio se acabaron por convertir en una herida incurable: apenas en el prólogo se estaba escribiendo el epílogo.

El rival, un viejo conocido al que el Juande había superado varias veces en estos años, las dos últimas en los enfrentamientos más recientes. Eso le convertía en un enemigo asequible pero no sencillo y, al final, se demostró que supo competir mejor con sus armas que los morados con las nuestras: jugaron con mucha solidez, fueron rigurosos para extraer el máximo a su actuación aprovechando su fortaleza física tanto en la carga del rebote como en los movimientos bajo aro y practicaron una defensa robusta dentro de la zona.

Sus fortalezas se unieron a nuestros excesivos errores y les sirvió para conquistar un puesto en la final. Cuando se afronta una eliminatoria a doble partido se suele comenzar midiendo fuerzas y contemporizando pero, esta vez, los primeros minutos del primer encuentro iban a resultar cruciales para la clasificación. 



El choque se disputó en un pabellón y no en la habitual cancha exterior del colegio Patrocinio San José, escenario de choques muy complicados por la poca habitualidad de esas canchas. Pero jugar sobre parqué no redujo la fuerza inicial de un rival que no apostó por ir de menos a más y que, además, se encontró con un excesivo número de errores del Tornado, una combinación que selló un sonoro 14-0 inicial tan contundente que se convirtió en irremontable.

Ese parcial, aunque con mucho tiempo por delante y con otro partido pendiente, fue trascendental: desde ese momento jugamos con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Mentalmente significó un golpe inesperado que nos dejó sobre la lona demasiado pronto y físicamente obligó a un sobreesfuerzo para levantar el marcador que también pesó. Además, eliminó precipitadamente cualquier posibilidad de volver a fallar. Fue un arranque premonitorio. Cuando la desventaja inicial es tan amplia, el sobreesfuerzo para remontar puede acercarte, como sucedió (llegamos a reducir la diferencia a un punto mediado el tercer cuarto). Pero si no culminas, si el rival consigue acertar de nuevo y tú flaqueas, pesa el doble. Patrocinio no perdió los nervios, supo aguantar el chaparrón y esperar a que escampara. Y volvió a estirar la diferencia hasta los once puntos finales Levantar esa distancia era misión complicada pero en nuestro pabellón y con nuestra incansable hinchada animando, todo podía suceder. El equipo pensaba que iba a tener la oportunidad de meterse en la eliminatoria y la clave sería aferrarse a esa opción y aprovecharla.

Los compases iniciales reforzaban esa idea con un parcial de 6-0 que pudo ser incluso mayor. Pero no fuimos capaces de oler la sangre. Patrocinio despertó y equilibró el partido con mucho físico. El Tornado peleó, llegó a situarse cinco arriba en varias ocasiones pero el paso de los minutos diluía la posibilidad de remontar y acabó minando definitivamente el ánimo del equipo. Patrocinio se ganó el puesto en la final y nuestros chicos pelearán por el tercer puesto. 



La ilusión de estar en la final voló pero sigue viva la llama de poner una rúbrica brillante a una temporada de crecimiento, de unión, de hermandad. Los chicos han formado un bloque sin apenas fisuras en el que los clásicos estrechan más aun sus lazos y los últimos en llegar han encontrado un ecosistema propicio para vivir su adorado deporte. Toca despedir la temporada por todo lo alto.