Corazones de Oro sin metal en el cuello

Corazones de Oro sin metal en el cuello

Escrito el 16/06/2022
Carlos González


La frontera entre ganar y perder es mucho más nítida que la que separa el éxito del fracaso. La primera la determinan los puntos mientras que la segunda bebe de la subjetividad, por más que pueda encontrar puntos de apoyo también en las cifras. En los últimos años, especialmente con la proliferación de las redes sociales, se intenta recurrir a la vía rápida ligando ganar y perder con éxito y fracaso pero no es obligatorio que vayan de la mano. Ni obligatorio, ni necesario.

Fracasa el que vence sin respetar códigos deportivos o éticos y triunfa quien es derrotado pero extrae un aprendizaje para crecer, quien cae asumiendo que en el deporte solo uno puede estar en lo alto del cajón y el resto no puede considerarse perdedor, quien es superado pero ha dado el máximo y puede macharse satisfecho a casa.

El Tornado aspiró primero a llegar a la final y después, a ser tercero. No llegamos a la final y tuvimos que conformarnos con ser cuartos. ¿Significa eso fracasar? ¿Quiere decir que solo ha cosechado éxito el campeón?



El análisis debe ser más profundo. Más allá de que se haya respirado algo de decepción en las últimas citas, de que quede el regusto amargo de saber que el equipo podía haber estado más arriba, que en algún momento se podía haber actuado con más acierto o mas fortuna, la lectura debe ser de amplio espectro: competimos con el equipo campeón y estuvimos muy cerca de ganarle, remontamos encuentros complicados aunque luego se nos volvieran a escapar de las manos, levantamos el último partido cuando estábamos hundidos para aspirar a la victoria por más que no pudiéramos conquistarla.

Y en ese amplio espectro el foco debe dirigirse a las fases previas, a los grupos donde hubo enormes actuaciones, a la evolución de los chicos que han dado un paso adelante, a los que han trabajado duro en cada entrenamiento aunque luego no hayan jugado todos los minutos que esperaban, a los que han acompañado al equipo en cada partido a pesar de estar lesionados y tener que ver los choques desde el banquillo…

Hay muchos motivos para estar felices con la temporada mirando el esfuerzo de los chicos y más aún si atendemos a los lazos generados, a la unión del grupo, a las amistades que trascienden de la cancha. En cuanto al encuentro en sí, más allá de que nos sirva como excusa para hablar de la temporada y alabar el trabajo del equipo, nos permite incidir en la importancia de salir en cada choque con la tensión adecuada.



Otra vez, como ya sucedió ante Patrocinio, el Tornado arrancó hipotenso y cometió demasiados fallos de inicio que Las Rozas aprovechó para colocarse 11-0 primero y 18-2 después. Remontar 16 puntos es una operación harto complicada pero el Juande lo consiguió empujando en la cancha y en las gradas, apretando mucho a un rival que sobrevivía gracias a su enorme acierto desde los tiros libres (en contraste con nuestra mala actuación en un apartado que acaba pesando tanto en los partidos).

Conseguimos levantar el marcador imponiéndonos en el segundo y tercer cuarto y llegando a situarnos por delante. Una vez encontrado el equilibrio era fundamental no volver a fallar pero varias jugadas mal resueltas permitieron a Las Rozas tomar oxígeno, liberar la presión que acumulaban por el regreso al partido de los morados y ganar unos metros que fueron determinantes para llegar a la meta por delante. El cuarto puesto deja la fotografía de un grupo que ha sabido disfrutar y sufrir para llegar hasta el último día de la competición.

Después, cierto poso de melancolía preventiva temiendo salidas sin confirmar, despidiendo con silencios temerosos pero con el corazón latiendo por continuar juntos. Ojalá el grupo siga fuerte y manteniendo un rumbo que puede llevarles donde ellos quieran. Ha sido una gran temporada. Gracias a todos los que lo han hecho posible. Feliz verano. El Tornado Morado seguirá fuerte a la vuelta y aquí estaremos para contarlo.