Aprendizaje para Benjamín 1er Año Masculino

Aprendizaje para Benjamín 1er Año Masculino

Escrito el 13/12/2022
Carlos González


 Benjamín 2015 Masculino 20-22 Juventud Alcalá. Conocer la derrota es entender con naturalidad que forma parte de la vida, aceptar su presencia cuando llega y aprender a disfrutar con más intensidad de la victoria cuando se consigue dando el valor que se merece a cada esfuerzo que se realiza para alcanzarla. El primer tropiezo tenía que producirse en algún momento y sucedió en el derbi ante el Juventud Alcalá.

El partido, de alto voltaje, de enorme intensidad, pudo acabar con triunfo de cualquiera de los dos con un marcador muy apretado y opciones para resolver para ambos. No hubiera sido injusto que los minirraptors se lo hubieran apuntado y tampoco lo es que se impusiera el rival e incluso, dado que el Juande puso más corazón que buen juego, es una consecuencia de nuestro propia actuación. Eso nos lleva al maravilloso camino de analizar, corregir, aprender y mejorar, algo absolutamente necesario, por no decir, imprescindible.

El guión del encuentro fue, de inicio, muy similar al de la jornada precedente. El Juventud es un equipo fuerte físicamente lo que obligaba a combatir por cada rebote, a recuperar posiciones defensivas rápidamente para igualar su velocidad y a trabajar el doble para encontrar resquicios camino al aro. Ese sobresfuerzo, posiblemente, derivó en la falta de acierto en la toma de decisiones ofensivas. Resultaba tan complicado progresar en la conducción del balón que apenas quedaba oxígeno para detenerse una décima de segundo y observar la mejor opción para anotar.

Y eso fue aplicable a los dos equipos, tanto que las dificultades moradas para anotar (solo una canasta y a falta de ocho segundos para que concluyera el primer cuarto) no pudieron ser aprovechadas por los visitantes, que se quedaron en cuatro puntos. Ese 2-4 del primer parcial resulta clarividente del tipo de desarrollo del choque, muy trabado por los dos conjuntos, batalladores, intensos a la par que imprecisos. Este tipo de duelos suelen resolverse con oficio y los chicos están en pañales en ese apartado, lo que hace de los partidos un acto salvaje de pasión desbocada.

Resulta conmovedor observar su pelea constante, sus ganas, su esfuerzo más allá de que el resultado final sea o no favorable. Nuestra segunda canasta también costó, esta vez cuatro minutos. Los pases seguían siendo forzados, cometíamos muchas pérdidas y el Juventud se escapó obteniendo un margen a la postre irrecuperable: ocho puntos de máxima ventaja que nuestros chicos no pudieron levantar. Pero lo intentaron, vaya si lo intentaron. Y es ahí donde aparecen los asideros esperanzadores.

El equipo no dejó de apretar, de pelear, de buscar la fórmula acertada y comenzó a recortar hasta los dos puntos finales. Tuvimos varios intentos para haber volteado el marcador pero tampoco la suerte nos envió un salvavidas. La pelota no entró pero generamos las situaciones para que hubiera entrado. Los minirraptors no interpretaron su mejor función pero nunca bajaron los brazos demostrando que mucho corazón nunca es demasiado.